sábado, 20 de noviembre de 2010

Libro IV, Capítulo 122 (1 de 6)

Los tres caballeros insulofirmeños navegan con la atribulada reina hacia Dacia. Durante el trayecto, la reina les pide que se presenten adecuadamente y que le detallen sus carreras caballerescas. Ellos dicen sus nombres y ella los reconoce al instante. Los caballeros de Grecia que poco tiempo ha pasaron por Dacia les narraron el conflicto que existía entre Lisuarte y Amadís. Contaron los temibles combates que enfrentaron a ambos bandos. En ese relato nombraron a los caballeros más destacados. Y entre esos nombres estaban los de nuestros tres amigos, para alegría de la reina, que ahora sabe que lleva un imponente fuerza en ayuda de sus hijos. Angriote se compromete a cumplir con éxito la misión.
Llegan sin novedad a Dacia. Acuerdan que la reina se quede en el barco hasta que la situación se aclare. Los tres caballeros desembarcan bien armados , con sus escuderos y acompañados de dos caballeros de Dacia que servirán como guías. La villa sitiad está auna jornada de viaje. Deciden llevar víveres y forraje para los animales en cantidad suficiente para evitar los poblados. Al alba llegan al cerco. Sigilosamente escudriñan las fuerzas sitiadoras hasta descubrir el lugar donde están más dispersas y es más fácil eludirlas y entrar en la ciudad. Se dirigen a los muros de la villa pero se topan con diez caballeros. Se enfrentan a ellos y derriban a los tres primeros con sus lanzas. Acometen con tal fiereza al resto, que los hacen huir despavoridos. Angriote decide entrar en la villa para animar a las fuerzas sitiadas. Llegan a los muros. Los cercados reconocen a los dos caballeros dacios y abren un portillo para que puedan entrar. Los reciben los infantes que han acudido al alboroto. Se enteran por Angriote de que su madre está sana y salva y le agradecen la ayuda de caballeros tan afamados. Los conducen al palacio donde los alojan y les permiten descansar unas horas.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Libro IV, Capítulo 121 (3 de 3)

Todos los habitantes de la ínsula les reciben con alegría y emoción. Amadís besa las manos de su madre y abraza a su hermano. Se interesa por su salud. Galaor le responde que está mucho mejor desde que sabe que el conflicto entre él y Lisuarte se ha solucionado y la paz reina entre ambos reinos.
Van al castillo donde les espera Oriana y el resto de las damas. Oriana, Briolanja y Sardamira, con las manos entrelazadas, se arrodillan ante la reina Elisena, que las levanta y abraza. Luego la saludan Mabilia, Melicia, Grasinda y el resto de las damas. 
Oriana saluda con especial cariño a Galaor porque conoce el amor que Amadís siente por su hermano y sabe de la lealtad y respeto que Galaor siente por su padre Lisuarte. 
Amadís lleva a Briolanja ante Galaor y se la propone como su futura esposa. Galaor, desenvuelto y desenfadado, agradece a Amadís la gran merced que le concede y dice que acepta gustoso solo en el caso de que Briolanja también esté de acuerdo. La reina calla y se sonroja, lo que la embellece aún más. Galaor la conoció más joven, en Sobradisa, cuando viajó a ese reino con Florestán, y más tarde en Londres, en la corte del rey Lisuarte. Han pasado los años y Briolanja ha alcanzado el cénit de su belleza. Aunque, como ya sabemos, Galaor ha conocido y tratado multitud de mujeres, Briolanja le parece la más hermosa de todas y está encantado en desposarla. Briolanja también estima a Galaor. Sabe cuan buen caballero es y como lo ama Amadís. Lo acepta como esposo. Se casarán y tendrán hermosos hijos y mejores caballeros, como se cuenta en "Las sergas de Esplandián".
Todos se acomodan en sus respectivas posadas, a la espera de Lisuarte y su séquito. Durante ese tiempo disfrutarán de los placeres que ofrece la isla, en especial las actividades cinegéticas. La Ínsula Firme está llena de venados, jabalíes, conejos y otras bestias que se cazan con perros, redes o persiguiéndolas a caballo. También la cetrería tiene su lugar, en la caza de liebres o de aves de ribera.
Así dejamos a nuestros amigos, holgando y a la espera de la llegada de Lisuarte. Mientras, veremos como les va a Angriote, Bruneo, Branfil y la reina de Dacia.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Libro IV, Capítulo 121 (2 de 3)

Navegando por la mar, divisan otro barco que se les acerca. Galaor envía a su escudero para identificar a sus ocupantes. Los marineros del otro barco dicen viaja con ellos una dama que se dirige con prisa a la Ínsula Firme. Cuando la dama se entera que llevan el mismo destino les pide la merced de viajar juntos. La reina Elisena accede a llevarla con ellos. Angriote va en una chalupa en su busca. Se encuentra con una dama toda vestida de negro, con la cabeza y la cara cubiertas con un velo negro. Angriote le dice que con ellos viaja la reina de la Gaula. La dama de negro le pide que le permita hablar con ella. Ya ante la reina, la dama se presenta como la esposa del rey de Dacia. Cuenta que tuvieron una hija y dos hijos. La hija mayor se casó con el duque de Suecia. La provincia de Suecia es un señorío colindante con el reino de Dacia. El duque resultó ser un facineroso malvado y dominado por la ambición. Planeó una felonía para apoderarse del trono de Dacia: asesinar al rey y a sus jóvenes cuñados, el mayor de los cuales no pasaba de los catorce años. Y puso n marcha sus maquiavélicos planes: con la excusa de pasar unos días de descanso fue a Dacia. El rey acompañado por sus hijos salió a recibirle confiado. El traidor alevoso aprovechó el momento para matar al desarmado rey. Los jóvenes príncipes iban algo más retrasados y contemplaron horrorizados la felonía. Consiguieron huir y refugiarse en la villa cercana. La reina no estaba presente porque se encontraba de viaje  a una romería. El fementido traidor ha cercado la villa donde se refugian los muchachos. Su madre, la reina, al enterarse del vil complot emprendió camino a la Ínsula Firme en busca de ayuda. Es conocedora de la fama de Amadís como caballero andante y desfacedor de entuertos.
Elisena la acoge con cariño y le asegura el socorro de los caballeros de la Ínsula Firme. Angriote y sus compañeros, al oír la triste historia, le piden permiso a Elisena para partir de inmediato en su ayuda. Elisena y Galaor pueden seguir viaje con la dama hacia la Ínsula Firme. Cuando le pide a la reina de Dacia un guía que les conduzca, ella decide acompañarlos. Así marchan de consuno, mientras Galaor lleva a su madre a la ínsula Firme donde llegan sin novedad en pocos días.

Libro IV, Capítulo 121 (1 de 3)

Amadís habla con su padre. Le pide que haga traer a su madre, la reina Elisena, y a su hermano Galaor a quien ha reservado a Briolanja como futura esposa. Bruneo, Brafil y Angriote se ofrecen para ir en su busca. Perión accede a su propuesta aunque le pesa separar a Bruneo de su novia. Bruneo responde que servir a su futura suegra siempre será beneficioso para su relación con Melicia. Perión le agradece su disposición y le pide que s interese por la salud de Galaor. En ese momento interviene Ysanjo: dice que ha hablado con unos mercaderes que hacen el viaje desde la Gaula a Gran Bretaña. Ellos han visto a Galaor y dicen que ya sale a caminar por las calles, aunque está harto flaco tras su enfermedad. Todos se alegran de la buena nueva.
Al día siguiente, los tres caballeros embarcan con sus escuderos y marineros con destino a la Gaula. El tiempo es bueno y llegan a la Gaula sin novedad en pocos días. Son recibidos con alegría, en especial por Galaor que abraza emocionado con lágrimas en los ojos y durante un largo rato a los tres caballeros.
Angriote les cuenta las novedades. Galaor se entera por fin del conflicto que ha enfrentado a su hermano y su padre contra su señor Lisuarte. Se da cuenta de la complicada disyuntiva de la que se ha librado por su enfermedad y posterior convalecencia. Bruneo, cambiando de tema, le dice que Amadís le ha concertado matrimonio con Briolanja. Entregan una carta a Elisena y le dicen que han venido para llevarla a la Ínsula Firme. Angriote le cuenta lo ansioso que está Amadís por reunir a toda su familia y amigos y disfrutar todos de su actual status, ahora que está en la cima de su carrera caballeresca y va a casarse con su amada Oriana. La reina da orden de aparejar el barco. Descansan ocho días en esas tierras, pasados los cuales, embarcan.

martes, 9 de noviembre de 2010

Libro IV, Capítulo 120 (2 de 2)

El rey Perión invita a toda la concurrencia a cenar en su posada. Cenan amigablemente y luego cada uno se retira a dormir a sus moradas. Perión le pide a su hijo que se quede para hablar en privado. Le dice que a pesar de tanta vicisitud, la relación entre Oriana y él ha llegado a buen término. Ahora le corresponde a él, Amadís, conseguir unos buenos casamientos para sus hermanos, para tanta doncella y dama huésped de la Ínsula Firme y para los caballeros que tanto le han ayudado. Amadís acepta el encargo.
Amadís reune a todos los caballeros en casa de Agrajes. Les dice que su intención es casarlos y les pide sus preferencias. Agrajes toma la palabra en primer lugar. Declara a Olinda como su amada. Grasandor dice que se ha enamorado de Mabilia. Bruneo declara su amor por Melicia. Cuadragante dice que, si ella no tiene nada en contra, le gustaría casarse con Grasinda. Florestán dice que su intención era regresar a Alemania, la tierra de su madre, pero que si Sardamira le ofrece su mano está dispuesto a cambiar de idea y de destino. Los demás caballeros, más jóvenes y de menos renombre, prefieren seguir sus andanzas caballeriles y acrecentar su fama antes de ligarse a una mujer.
Amadís habla: le concede a Cuadragante el señorío de Sansueña. A Bruneo, su futuro cuñado, le otorga el reino Arábigo. Le pide que, a cambio, le ceda su futuro marquesado a su hermano Branfil. Florestán, además del reino de Cerdeña de Sardamira, recibirá el señorío de Calabria que fuera de Salustanquidio.
Agrajes, Grasandor y el propio Amadís tendrán que esperar a recibir los reinos que por herencia les corresponden.
Los día siguientes Amadís los dedica a llevar a cabo los planes acordados esa noche. Como es prolijo describir todas las gestiones realizadas, solo diré que cumplió sobradamente con lo decidido y que todas las bodas se celebraron sin contratiempo.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Libro IV, Capítulo 120 (1 de 2)

Mientras Lisuarte viaja para reunirse con Brisena, Perión y su gente hacen lo mismo en dirección a la Ínsula Firme. Amadís viaja acompañado a sol y sombra por Arquisil. Son uña y carne. Hasta comparten tienda. Brojandel, que permanece en el cargo de mayordomo imperial, le guarda sus cosas y atavíos. El retorno es pausado y tranquilo. Acampan en lugares agradables y apacibles. Por las noches se reunen en la tienda de Perión o en la de Amadís. Como la mayoría son jóvenes, las veladas son festivas y jocosas. 
Tras unos pocos días de viaje moroso y jaranero, llegan a la Ínsula Firme. Encuentran a Oriana y al resto de damas en las huertas de palacio. El reencuentro es feliz y placentero. Amadís presenta a Oriana y Arquisil. Ella ya sabe que es su futuro cuñado. Quiere arrodillarse ante él pero Arquisil no se lo permite. Le dice que es él quien debería arrodillarse por tantas mercedes que le debe a Amadís, su marido.
Agrajes, Cuadragante, Florestán y Brian saludan a Sardamira, Olinda y Grasinda. Bruneo va directo a reunirse con su amada Melicia. Otros caballeros saludan a otras damas y doncellas. Todos departen afablemente durante un rato.
Amadís toma a Gastiles, el sobrino del Emperador de Constantinopla, y a Grasandor, el hijo del rey de Bohemia, y se los presenta a su prima Mabilia. Le pide que se ocupe de ellos y los entretenga. Mabilia les coge de las manos y los lleva hasta un sofá y se sienta entre ambos. Grasandor está como en una nube. Desde el momento que vió a Mabilia quedó profundamente enamorado. Ahora que puede hablar con ella y se da cuenta de lo buena, honesta y encantadora que es, su amor se acrecienta.
Amadís quiere hablar con Oriana a solas, pero Arquisil no se separa de él. Llama a Briolanja, que está con Bruneo y Melicia, y se la presenta. Arquisil se maravilla de tantas damas a cual más hermosa. Le dice a Amadís que esto no es normal. Pareciera que hubieran sido creadas así de hermosas y perfectas por el mismo Apolidón. Amadís se ríe de su ocurrencia.
Llega Perión y charlando, retiene a Arquisil junto a Briolanja. Amadís, libre al fin, se reune alegremente con Oriana. Ella le pregunta que piensa Lisuarte sobre su relación. Amadís responde que en apariencia está feliz y conforme, aunque no puede asegurar lo que pasa en su interior. El caso es que vendrá a la Ínsula Firme con Briolanja y Leonila. Oriana le pregunta por Esplandián. Él responde que, por petición de Lisuarte, se quedó con él y vendrá también con la familia real.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Libro IV, Capítulo 119

Lisuarte regresa a Vindilisora con su gente y acompañado de Cildadán y Gasquilán. Allí ya le espera Brisena. El viaje, sin novedad, dura cinco días. Al llegar, su cara refleja una alegría que no siente reamente. Reconoce que su hija queda muy honrada al casarse con Amadís y ha conseguido la paz con Perión y ha establecido una estrecha alianza con la Roma de Arquisil...Pero todo se ha logrado tras su derrota. Es Amadís quien se llevará toda la gloria. La tristeza se ha alojado en su corazón pero también está cansado y enojado por tanta muerte inútil causadas por motivos mundanos. Como gobernante cabal acepta la situación aunque suponga un cierto menoscabo en su prestigio. Lisuarte había buscado más su honra que el cuidado de su alma. Dios le ha castigado por su soberbia.
Llega, pues, con alegría fingida, de la mano de Esplandián, para reunirse con su esposa. Brisena ya conoce todo lo referente al doncel. Lisuarte había enviado previamente a Brandoibás para que la informara. Ambos esposos se abrazan emocionados. Brisena abraza y besa a su nieto. Dueñas y doncellas van desfilando en el besamanos real. Cildadán y Gasquilán saludan a la reina. Cenan a continuación. Los reyes alojan a sus invitados en el castillo.
Por la noche, ya en su cámara, el matrimonio real habla. Lisuarte opina que lo mejor es que acepten a Amadís como yerno. Le comunica a su esposa que ha concedido la mano de Leonoreta a Arquisil. Deben emprender viaje a la Ínsula Firme para formalizar ambas bodas. La reina le besa las manos en señal de acatamiento. Duermen plácidamente.
Al dís diguiente, Lisuarte le ordena a Arbán, su mayordomo, que haga los preparativos para el viaje a la Ínsula Firme y que engalanen convenientemente a Leonoreta para presentarla como es debido a su fururo marido.