sábado, 29 de mayo de 2010

Libro IV, Capítulo 85

Amadís, preocupado por el desenlace de esta controvertida acción bélica, convoca a reunión a todos sus caballeros en la posada de Cuadragante. Les habla: "A pesar de que podríais disfrutar en vuestros países de origen de una vida regalada y llena de placeres y bienes, habéis elegido ser caballeros andantes, oficio que poco provecho económico os ha dado y en cambio os ha acarreado graves heridas y un riesgo constante de muerte. Y ahora tras el gran acto de heroísmo al rescatar a Oriana de la felonía que planeaban para ella Lisuarte y Patín, ¿qué debemos hacer?"
Tras el discurso de Amadís, todos permanecen callados hasta que Cuadragante rompe el silencio. Quiere dar su opinión. Agrajes le anima a que la manifieste. Cuadragante dice que se envíe un mensaje a Lisuarte explicando su acción, que están obligado a defender a doncellas que vean forzada su voluntad. Le darán a Lisuarte la oportunidad de reconocer su error y si hace justicia con su hija, se la devolverán. En cuanto a los caballeros de la Ínsula Firme, deben estar preparados para cualquier contingencia, pues desconocen cual será la respuesta de Lisuarte. Por tanto, no estaría de más avisar a príncipes amigos y parientes para que les auxilien si fuera necesario.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Libro IV, Capítulo 84

Grasinda, conocedora del regreso de la victoriosa expedición, se engalana y sale a recibirlos. Oriana le pregunta si esa es la que ganó la corona a la más bella con el Caballero Griego. Bruneo se lo confirma. Desembarcan a las damas: a Oriana, Cuadragante y Agrajes; a Sardamira, Florestán y Angriote; a Mabilia, Amadís; a Olinda, Bruneo y Dragonís; al resto de doncellas, otros caballeros. Oriana y Grasinda se abrazan cordialmente. Grasinda se sorprende de la belleza de Oriana y la ensalza ante Amadís, más satifecho que un ocho. Oriana, azorada, se retira con Olinda. Llegan al castillo. A Oriana la alojan en la Torre de la Huerta, el mejor sitio del castillo (donde Apolidón hizo sus mejores encantamientos y donde residía habitualmente). La torre tiene tres plantas, con tres habitaciones en cada una. Está plantada en medio de una huerta que está rodeada de un alto muro de canto y betún. Hay muchos y frondosos árboles en la huerta, tanto frutales como ornamentales. Y fuentes, y flores,... La cara interna del muro está forrada de varios portales d los que penden redes doradas por donde entresale la vegetación. El suelo está enlosado con piedras preciosas traída de Oriente: unas rojas como rubíes, otras blancas como cristal. Cuatro fuentes rodean la huerta. De ellas mana el agua de las montañas que sale por cañerías de cobre con formas de animales para vertirse en pilas doradas y redondas. Esta agua sirve para regar la finca. Allí se aposentaron Oriana y Mabilia junto con otras damas. Amadís dispuso que fueran atendidas por un numeroso grupo de dueñas y doncellas. Oriana pidió que ningún caballero entrara en la huerta para preservar su intimidad hasta que ella consiguiera el perdón de su padre. Amadís accede por mantener el buen nombre de su amada, a pesar de su deseo de estar con ella. El resto de caballeros se distribuyen por la Ínsula, donde son atendidos y agasajados, todo a cuenta del pecunio de Amadís, derivado de las rentas que le proporciona la Ínsula Firme y de las generosas donaciones de su madre.

martes, 25 de mayo de 2010

Libro IV, Capítulo 83

Los caballeros de la Ínsula Firme se reunen en consejo en la nao de Florestán. Deciden volver a la Ínsula. Agrupan a todos los presos en una nave al mando de Gavarte del Val Temeroso y de Landín, el sobrino de Cuadragante. En otro barco, que irá al mando de Gandales y Sadamón, colocan el botín. El resto de caballeros viajará en sus respectivas naves. Zarpan de vuelta a casa. Angriote y Bruneo informan a Oriana de los panes. A golpe de trompeta, el viaje de retorno se inicia con grandes alegrías y alharacas.
[Mira Lisuarte lo que ha ocurrido. Tú que llegaste a lo más alto y que por tu cerrazón estás a punto de caer a lo más bajo...]
A los siete días llegan a la Ínsula Firme. Son recibidos con entusiasmo por el pueblo, que ya había sido informado de la gran victoria y del rico botín.

Libro IV, Capítulo 82

La batalla naval acabó. Salustanquidio ha muerto. Brojandel de Roca, el arzobispo de Talancia, el duque de Ancona y otros notables romanos han sido hechos prisioneros. En la nave donde Salustanquidio yace muerto, sus soldados y amigos manifiestan su duelo estentóreamente. Los hombres de Agrajes que los custodian no saben como acallar el bullicio. Amadís ordena colocar el cadáver en un arca y sepultarlo. También decide perdonar la vida a los vencidos. El murmullo de los llantos llega a la nave de Oriana. Allí está Sardamira que desconocía la suerte de Salustanquidio. Al enterarse, llora desconsolada y se lamenta con grandes voces. Oriana, que le ha perdonado por su actuación en la misión imperial y que, en el fondo, la aprecia, llama a Mabilia para que intente consolar a la reina. Mabilia habla con ella, y aunque no logra mitigar su dolor, le asegura que Oriana velará por ella salvaguardando su integridad física y su honor.

viernes, 21 de mayo de 2010

Libro III, Capítulo 81 (3 de 3)

Amadís, Cuadragante, Listorán y Landín se embarcan en la galera de Enil y se dirigen hacia la partte de la batalla donde pelea Florestán. Por el camino se topan con uno de los barcos de Florestán, al mando de Ysanes, un pariente suyo por parte materna. Ysanes les anuncia la victoria de Florestán. Ha capturado al duque de Ancona y al Arzobispo de Talancia. Amadís ordena que su flota se reagrupe alrededor de la nao romana con el estandarte imperial y hacer un consejo. Hacen balance de la batalla: ningún barco romano, incluidos bateles y botes, ha escapado. Ha sido una victoria completa. Bondajel de Roca espera preso en la galera. Sardamira le pide ayuda a Oriana para que no la maten o la deshonren y reclama a Florestán como su valedor. Florestán accede gustoso a serlo. Amadís se acerca y tranquiliza a la reina: si tiene a Florestán como valedor, nada tiene que temer. Florestán le dice a Sardamira que se trata de Amadís. Sardamira lo reconoce y elogia. Amadís la lleva junto a Oriana y charla con Mabilia. Oriana perdona a Sardamira por los malos ratos pasados porque sabe que hizo todo obligada por el Emperador. Llegan Agrajes y Olinda. Oriana se levanta presurosa para abrazarla. Y recibe cordialmente a Agrajes y a sus acompañantes, en especial a Gavarte del Val Temeroso. Amadís y Oriana decien, por el momento, mantener sus amoríos en secreto hasta llegar a la Ínsula Firme. Los caballeros discuten donde llevar a Oriana: a la Gaula, a Escocia, a la Ínsula Firme,...Llega Mabilia y les transmite el deseo de Oriana: quiere ir a la Ínsula Firme hasta que su padre la perdone. Todos los caballeros le prometen que estarán a su servicio hasta ser restituida en su reino. Cada uno retorna a su barco correspondiente. Escoltando a Oriana quedan Bruneo, Landín de Fajarque, Gordán (el hermano de Angriote), Sarquiles (el sobrino de Angriote), Orlandín (el hijo del conde de Irlanda) y Enil ( que tenía tres heridas pero callaba porque era sufrido y esforzado).
Y así la flota emprende el camino de retorno a la Ínsula Firme.

Y con este épico final concluye el TERCER TOMO de AMADÍS de GAULA.

Libro III, Capítulo 81 (2 de 3)

Los romanos, intuyendo malas intenciones de la flota que se les avecina, se preparan para la defensa. Distribuyen a los ballesteros. Brondajel está en la nave que lleva a Oriana. El primer grupo de la Ínsula Firme aborda la nave de Salustanquidio. El segundo grupo ataca la nave donde van el duque de Ancona y el Arzobispo de Talancia. El grupo de Amadís aborda la nave que porta el estandarte imperial. Le pide a Angriote que luche a su lado. Éste acepta sin dudar, por supuesto. Amadís intenta abarloar su nave con la imperial, pero los romanos lo impiden con flechas, lanzas, piedras, garfios y otros utensilios. Tantiles de Sobradisa, mayordomo de Briolanja, tiene una idea: lanzar desde el castillo una pesada ancla atada con una gruesa cadena para trabarla en la otra nave y, tirando, juntar los dos barcos. Ponen en práctica la idea con éxito. Amadís salta al abordaje flanqueado por Angriote y Bruneo. Aunque cae de rodillas sobre la cubierta enemiga, se levanta con rapidez. Sus compañeros le animan gritando su nombre. Lo oye Mabilia que corre a avisar a Oriana de que Amadís está a bordo para rescatarla. Amadís lucha con Brojandel de Roca, le golpe con la espada n el yelmo y Brojandel cae al suelo. Le quita el yelmo y le golpea en la cara con l pomo de su espada mientras le pregunta por el paradero de Oriana. Brojandel le señala el camarote cerrado. Amadís, con ayuda de Angriote y de Bruneo, derriba la puerta. Encuentran a Oriana y Mabilia. Amadís y Oriana se abrazan. Amadís sale a terminar la batalla. Da orden a Landín de Fajarque de que no se mate a aquellos romanos que se rindan.
Amadís pasa a la galera de Enil y Gandalín y abordan la gran nave de Salustanquidio, que ya había sido abordada por Agrajes. Cuadragante, que ya estaba a bordo, ayuda a Amadís a subir a la nave. Agrajes pelea con saña. Los romanos, al ver a Amadís, huyen arrojándose al agua o en pequeños botes hacia los barcos que todavía no han sido abordados. Agrajes lucha con Salustanquidio y le hiere en el brazo. Salustanquidio cae al suelo y pide clemencia. Agrajes, que ama profundamente a Olinda, no está dispuesto a perdonar al romano y le corta la cabeza. A continuación se reune con su amada Olinda.

Libro III, Capítulo 81 (1 de 3)

El rey Lisuarte está determinado a entregar a su hija a los romanos. Nada le hace cambiar de opinión. Intenta convencer a su hija por las buenas sin éxito. Airado, habla con su esposa, la reina, para que lo intente, cosa que hace muy a su pesar. Tampoco Brisena consigue convencer a Oriana, que del disgusto y la pena se queda traspuesta por un vahido. El rey dispone que la embarquen en ese estado. Olinda, de rodillas y llorando, le implora al rey que la envíe de vuelta con su padre, que ella tampoco quiere ir Roma. Lisuarte, inflexible, también la obliga a embarcar. Las acompañan Mabilia y la Doncella de Dinamarca. Con lágrimas en los ojos, Lisuarte se despide de su hija. Está triste pero firme en su decisión. La encomienda a Salustanquidio, Brojandel de Roca y al Arzobispo de Talancia. Se va dejando a todas las doncellas tristes y llorosas. Salustanquidio y Brojandel deciden encerrar a Oriana junto a Mabilia en un camarote ricamente ornado. El resto de damas se quedan con Sardamira. Salustanquidio, muy enamorado de Olinda, se la lleva a su nave junto a unas pocas doncellas. Con todo dispuesto, zarpan hacia Roma. Colocan la enseña imperial en el mástil de la nave que lleva a Oriana. Al poco de iniciar viaje aparece la flota de la Ínsula Firme, por babor. Vienen en tres grupos que pugnan por abordar la nave imperial y ser los primeros en liberar a Oriana: En el primero van Agrajes, Cuadragante, Dragonís y Listorán de la Torre Bermeja; en el segundo, Florestán, Gavarte del Val Temeroso, Orlandín e Ymosil; en el tercero va Amadís.