El Caballero vencido se llama Patín, es hermano de Sidón, el Emperador de Roma, y es su probable sucesor. Estaba enamorado de Sardamira, reina de Cerdeña y sobrina de la emperatriz de Roma. A Patín le habían hablado de la belleza de Oriana y se propuso conocerla para verificar que no había nadie más bella que su amada Sardamira. Viaja a Gran Bretaña y se presenta en la corte de Lisuarte. El rey lo agasaja, Grumedán lo acoge en su casa. Patín conoce a Oriana y se queda prendado de ella. Le pide su mano a su padre. Lisuarte acepta pero no quiere forzar la voluntad de su hija. Patín, entonces, consigue la promesa de Oriana de que acatará sin rechistar los deseos de su padre. Patín decide recorrer Gran Bretaña buscando aventuras que acrecienten su prestigio caballeril. Su primer encuentro es con Amadís y ya conocemos su derrota, fácil y humillante. Patín queda maltrecho y herido, tumbado junto a un árbol. Allí le encuentra Durín, que acababa de despedirse de Amadís. Patín le pregunta por algún lugar donde le curen. Se presentan formalmente y Durín le informa de que su vencedor es el Señor de la Ínsula Firme.
martes, 27 de octubre de 2009
domingo, 25 de octubre de 2009
Libro II, Capítulo 46
Gandalín y Durín deciden seguir a Amadís. Ysenjo, por su parte, regresa a la Ínsula Firme. Gandalín y su compañero terminan por encontrar a Amadís y lo espían entre el follaje. Le oyen lamentarse y llorar y como habla solo de Oriana, del rey Perión , de Gandales, de Angriote, del rey Abiés y de Guillán El Cuidador.
Al poco pasa por ahí un caballero que va cantando alegre sus amores con la reina Sardamira y otros más recientes con la mismísima Oriana. Al oírlo, Gandalín se acerca a Amadís y le incita a luchar con el caballero. Amadís, al principio reticente, accede a combatir con él. Coge sus armas y su caballo, se acerca al caballero, le reta y le vence. Luego se acerca a Durín y le dice que regrese y le cuente a Mabilia y a la Doncella de Dinamarca sus cuitas y su desesperación. A Gandalín le permite que se quede con él pero le ordena que no le estorbe y que le devuelva la espada al caballero vencido.
Al poco pasa por ahí un caballero que va cantando alegre sus amores con la reina Sardamira y otros más recientes con la mismísima Oriana. Al oírlo, Gandalín se acerca a Amadís y le incita a luchar con el caballero. Amadís, al principio reticente, accede a combatir con él. Coge sus armas y su caballo, se acerca al caballero, le reta y le vence. Luego se acerca a Durín y le dice que regrese y le cuente a Mabilia y a la Doncella de Dinamarca sus cuitas y su desesperación. A Gandalín le permite que se quede con él pero le ordena que no le estorbe y que le devuelva la espada al caballero vencido.
sábado, 24 de octubre de 2009
Libro II, Capítulo 45
Durín llega a Sobradisa cuando Amadís y sus compañeros ya han abandonado el reino. Les sigue el rastro hasta encontrarlos en la Ínsula Firme. Llega a tiempo de ver a Amadís bajo el Arco de los Enamorados y como consigue entrar en la cámara encantada y convertirse en Señor de la Ínsula Firme. Finalizados los homenajes y agasajos, le entrega la carta. Amadís tras leerla, rompe a llorar desconsolado. Luego, en secreto, abandona la isla acompañado de Ysenjo, Gandalín y Durín. Llegan a una ermita junto a un bosque. Amadís reza un poco y luego llama a Ysenjo y ante él, le cede el Señorío de la Ínsula Firme a Gandalín. Le pide a Ysenjo que funde un monasterio de 30 monjes junto a la ermita del bosque. Gandalín no quiere la isla, pero Amadís insiste y además le cede sus armas para que Galaor le arme caballero. Le pide que transmita a su hermano todo el cariño que le tiene y además le cede a Galaor al enano Ardián para que le sirva. Se despide con brevedad y de forma súbita monta en su caballo abandonando sus armas y cabalga hacia el bosque. Desaparece en él antes que sus amigos puedan reaccionar.
Amadís llega a un arroyuelo, descabalga y se tumba en un prado llorando sin parar hasta quedar rendido.
Amadís llega a un arroyuelo, descabalga y se tumba en un prado llorando sin parar hasta quedar rendido.
jueves, 22 de octubre de 2009
Libro II, Capítulo 44
Amadís, sus hermanos y su primo Agrajes pasan los días en Sobradisa, el reino de Briolanja. Sin embargo, Amadís añora a Oriana y le pide permiso a la reina para volver con su amada. Durante el viaje de regreso encuentran a una joven acompañada de dos doncellas y cuatro escuderos. Es la hija de Isanjo, el gobernador de la Ínsula Firme. Ella les invita a visitar la isla, ya que solo les supondrá dos jornadas de demora en su viaje. Les habla del Arco de los Enamorados, un lugar donde se oye una melodiosa música si es traspasado por un verdadero enamorado, al tiempo que su nombre queda escrito sobre la piedra al instante. La doncella cuenta que, en cien años de existencia, solo dos nombres han aparecido escritos en la losa. Agrajes se propone ser el tercero. Amadís también quiere intentarlo. Amadís ya tenía noticias de la Ínsula Firme gracias a Arbán, el rey de Norgales.
Llegan hasta donde Isanjo ha acampado, que los recibe cordialmente, los agasaja y da acomodo. Al día siguiente embarcan hacia la isla. Cuando llegan a la Ínsula, entran en el palacio. En el patio descubren cientos de escudos apoyados en el suelo, diez colgados un poco más arriba y dos más, colgados en todo lo alto. Los escudos pertenecen a los caballeros que han intentado entrar en la cámara defendida: los del suelo son de aquellos que no alcanzaron el padrón de cobre, los diez intermedios, de los que lo alcanzaron pero no lo sobrepasaron, y los dos más altos, uno pertenece al que superó el padrón de cobre pero no alcanzó el padrón de mármol y el otro, el más eminente, al caballero que alcanzó el padrón de mármol, aunque no llegó a sobrepasarlo. Amadís repasa los escudos. Descubre el de Arcaláus entre los diez intermedios, el del rey Abiés de Irlanda que es el segundo de los dos más altos. El más alto pertenece a Cuadragante, hermano del rey Abiés. Luego acompaña a su primo al Arco de los Enamorados. Agrajes lo atraviesa y, súbitamente, suena una agradable melodía y su nombre aparece escrito en la piedra a continuación de otros dos: Mandanil, hijo del duque de Borgoña, y Bruneo de Bonamar, hijo de Valladós, marqués de Troque. Mandanil ama a Guinda Flamenca, Señora de Flandes. Bruneo ama a Melicia, hermana de Amadís e hija de Perión. Amadís también se coloca bajo el Arco. La música que surge es extremadamente melodiosa y su nombre queda inscrito de inmediato.
Mientras tanto, Galaor y Florestán intentan penetrar en la cámara encantada. Florestán supera el padrón de cobre y alcanza el de mármol, pero allí pierde toda su fuerza y cae desvanecido y es expulsado afuera por una fuerza misteriosa. Galaor lo intenta. Llega hasta el padrón de mármol y lo abraza con fuerza, pero al poco también se desvanece y es expulsado. Ardián el enano viendo a los dos caballeros tendidos en el suelo, como muertos, corre a pedir ayuda a Amadís. Agrajes también intenta entrar en la cámara pero cae entre el padrón de cobre y el de mármol. Ya solo queda Amadís por intentarlo: supera con esfuerzo tanto el padrón de cobre como el de mármol y llega hasta la puerta de la estancia. Una mano aparece por el quicio y le coge la suya, al tiempo que una voz le declara Señor de la Ínsula Firme.
Isanjo y el resto de habitantes de la isla le homenajean y le rinden vasallaje.
Mientras, Oriana, despechada y celosa por el asunto de la espada rota y Ardián el enano (ver cap.40), le escribe una carta a Amadís poniéndole a caldo, declarando que se siente engañada. Envía la carta mediante un doncel, Durín, hermano de la Doncella de Dinamarca. Le encarga que le cuente la reacción de Amadís al leer su carta.
Llegan hasta donde Isanjo ha acampado, que los recibe cordialmente, los agasaja y da acomodo. Al día siguiente embarcan hacia la isla. Cuando llegan a la Ínsula, entran en el palacio. En el patio descubren cientos de escudos apoyados en el suelo, diez colgados un poco más arriba y dos más, colgados en todo lo alto. Los escudos pertenecen a los caballeros que han intentado entrar en la cámara defendida: los del suelo son de aquellos que no alcanzaron el padrón de cobre, los diez intermedios, de los que lo alcanzaron pero no lo sobrepasaron, y los dos más altos, uno pertenece al que superó el padrón de cobre pero no alcanzó el padrón de mármol y el otro, el más eminente, al caballero que alcanzó el padrón de mármol, aunque no llegó a sobrepasarlo. Amadís repasa los escudos. Descubre el de Arcaláus entre los diez intermedios, el del rey Abiés de Irlanda que es el segundo de los dos más altos. El más alto pertenece a Cuadragante, hermano del rey Abiés. Luego acompaña a su primo al Arco de los Enamorados. Agrajes lo atraviesa y, súbitamente, suena una agradable melodía y su nombre aparece escrito en la piedra a continuación de otros dos: Mandanil, hijo del duque de Borgoña, y Bruneo de Bonamar, hijo de Valladós, marqués de Troque. Mandanil ama a Guinda Flamenca, Señora de Flandes. Bruneo ama a Melicia, hermana de Amadís e hija de Perión. Amadís también se coloca bajo el Arco. La música que surge es extremadamente melodiosa y su nombre queda inscrito de inmediato.
Mientras tanto, Galaor y Florestán intentan penetrar en la cámara encantada. Florestán supera el padrón de cobre y alcanza el de mármol, pero allí pierde toda su fuerza y cae desvanecido y es expulsado afuera por una fuerza misteriosa. Galaor lo intenta. Llega hasta el padrón de mármol y lo abraza con fuerza, pero al poco también se desvanece y es expulsado. Ardián el enano viendo a los dos caballeros tendidos en el suelo, como muertos, corre a pedir ayuda a Amadís. Agrajes también intenta entrar en la cámara pero cae entre el padrón de cobre y el de mármol. Ya solo queda Amadís por intentarlo: supera con esfuerzo tanto el padrón de cobre como el de mármol y llega hasta la puerta de la estancia. Una mano aparece por el quicio y le coge la suya, al tiempo que una voz le declara Señor de la Ínsula Firme.
Isanjo y el resto de habitantes de la isla le homenajean y le rinden vasallaje.
Mientras, Oriana, despechada y celosa por el asunto de la espada rota y Ardián el enano (ver cap.40), le escribe una carta a Amadís poniéndole a caldo, declarando que se siente engañada. Envía la carta mediante un doncel, Durín, hermano de la Doncella de Dinamarca. Le encarga que le cuente la reacción de Amadís al leer su carta.
miércoles, 21 de octubre de 2009
Libro II, Prólogo
En Grecia, un rey, cuñado del Emperador de Constantinopla, tuvo dos hijos. El mayor, Apolidón, era fuerte y valiente. El rey, presintiendo su muerte, dejó su reino a Apolidón y una gran fortuna al hijo menor. Éste, apocado y envidioso, protestó junto al lecho del moribundo y Apolidón consintió en ceder el reino a su hermano a cambio de la fortuna y de la valiosa colección de libros de su padre. Cuando el rey murió, Apolidón partió en naves cargadas con sus libros y sus riquezas sin rumbo definido. Llegó a la capital del Imperio Romano. Su emperador, Siudán, lo recibió con cordialidad. Apolidón se enamoró de Grimanesa, una hermana del Emperador. Como no les permitieron su enlace, huyeron juntos en sus naves. Llegaron a una isla donde vivía un gigante que los recibió con hostilidad. Apolidón combatió con él y lo venció, tomando posesión de su isla, la Ínsula Firme.
Pasaron los años. El Emperador de Grecia murió sin descendencia y le ofrecieron el trono a Apolidón que aceptó. Partió con su esposa y corte a su nuevo destino, pero antes de marchar, lo dispuso todo para que el próximo dueño de la Ínsula Firme fuera un digno sucesor suyo: colocó una estatua mágica que hacía sonar una trompa que aturdiría y dejaría maltrechos a aquellos caballeros indignos que osasen entrar el el palacio. Solo callaría si el caballero en cuestión superase a Apolidón en fortaleza e hidalguía. Si fuera mujer, debería superar en hermosura a Grimanesa.
Luego partieron dejando a un gobernador al cuidado de la isla.
Pasaron los años. El Emperador de Grecia murió sin descendencia y le ofrecieron el trono a Apolidón que aceptó. Partió con su esposa y corte a su nuevo destino, pero antes de marchar, lo dispuso todo para que el próximo dueño de la Ínsula Firme fuera un digno sucesor suyo: colocó una estatua mágica que hacía sonar una trompa que aturdiría y dejaría maltrechos a aquellos caballeros indignos que osasen entrar el el palacio. Solo callaría si el caballero en cuestión superase a Apolidón en fortaleza e hidalguía. Si fuera mujer, debería superar en hermosura a Grimanesa.
Luego partieron dejando a un gobernador al cuidado de la isla.
viernes, 11 de septiembre de 2009
Libro I, Capítulo 43. Fin del Libro I.
Galaor y Florestán curan sus heridas en el castillo de Corisanda. Una vez repuestos parten para reunirse con Amadís. Florestán le pide a Galaor que, si surge la oportunidad, le deje pelear a él primero. Galaor lo acepta. Pasan la noche en casa de un caballero taciturno. Galaor le pregunta por la causa de su tristeza. El huésped se niega a desvelarla. Al día siguiente, el mohíno caballero les conduce hasta la Fuente de los Tres Olmos. Allí encuentran a tres doncellas y, cerca, a un enano subido a un árbol. Florestán habla con las doncellas. Una le pregunta si es capaz de sacarla de ese lugar. Florestán asiente y la monta en un palafrén. Al verlo, el enano comienza a gritar alarmado. A sus voces acude un caballero que se enfrenta a Florestán. El amante de Corisanda lo derriba fácilmente y le obliga a rendirse y a que libere a la doncella. El vencido consiente y Florestán se lleva a la doncella. La segunda doncella también le pide ayuda. Florestán la monta en otro palafrén y, de nuevo, el enano lanza gritos de alarma. Aparece un segundo caballero y Florestán vuelve a luchar contra él. En el primer encuentro Florestán falla su golpe y el caballero rompe su lanza en el escudo de su rival. En el segundo encuentro Florestán lo derriba. El caballero queda tendido en el suelo como muerto y Florestán se lleva a la segunda doncella. Luego repara en la tercera doncella, triste y solitaria, y también se ofrece a llevarla. Ella le advierte que el caballero que la guarda es mucho más temible que los otros dos, pero Florestán no se arredra y la recoge. El enano grita de nuevo. Sale el tercer caballero que lleva armas partidas en oro, montado en un caballo bayo y acompañado por dos hombres armados con hachas. Tras una esforzada pugna, Florestán le vence y le mata.
El melancólico huésped se acerca y le dice a Florestán que está enamorado de la tercera doncella y que ella le corresponde. Le cuenta que había sido raptada por el caballero muerto. Le pide que se la entregue. Florestán lo hace gustoso. Galaor se apropia del caballo bayo. Florestán se queda con la primera doncella y le cede la segunda a Galaor. Por la noche, en casa de la hermana del huésped, disfrutan de ambas doncellas. Al día siguiente llevan a las doncellas a casa de una tía suya. Por el camino les cuentan la historia de la Fuente de los Tres Olmos: El tercer caballero se llamaba Alumas y era primo de Dardán el Soberbio. Se enamoró de la tercera doncella, pero ésta estaba enamorada del huésped. La raptó (causa de la pesadumbre del triste caballero) y para ganar su amor le prometió realizar grandes hazañas. También le dijo que quería matar a Amadís, pues él había matado a Dardán. Raptó a las otras dos doncellas para que hicieran compañía a su amada y trajo a dos amigos para que le ayudaran en su guarda y custodia. Cada día las sacaban a la fuente para incitar al combate a otros caballeros. Llevaban así un año, siempre victoriosos, hasta que llegó Florestán.
Dejan a las doncellas en casa de su tía y siguen camino hacia Sobradisa. Cuando llegan, la disputa con Abiseos ha concluido. Llegan a la capital y van al palacio real. Se reunen con Amadís y Agrajes. Amadís al conocer a Florestán, su nuevo medio-hermano, lo abraza llorando de emoción.
Y CON ESTA TIERNA ESCENA ACABA EL PRIMER LIBRO DE "AMADÍS DE GAULA"
El melancólico huésped se acerca y le dice a Florestán que está enamorado de la tercera doncella y que ella le corresponde. Le cuenta que había sido raptada por el caballero muerto. Le pide que se la entregue. Florestán lo hace gustoso. Galaor se apropia del caballo bayo. Florestán se queda con la primera doncella y le cede la segunda a Galaor. Por la noche, en casa de la hermana del huésped, disfrutan de ambas doncellas. Al día siguiente llevan a las doncellas a casa de una tía suya. Por el camino les cuentan la historia de la Fuente de los Tres Olmos: El tercer caballero se llamaba Alumas y era primo de Dardán el Soberbio. Se enamoró de la tercera doncella, pero ésta estaba enamorada del huésped. La raptó (causa de la pesadumbre del triste caballero) y para ganar su amor le prometió realizar grandes hazañas. También le dijo que quería matar a Amadís, pues él había matado a Dardán. Raptó a las otras dos doncellas para que hicieran compañía a su amada y trajo a dos amigos para que le ayudaran en su guarda y custodia. Cada día las sacaban a la fuente para incitar al combate a otros caballeros. Llevaban así un año, siempre victoriosos, hasta que llegó Florestán.
Dejan a las doncellas en casa de su tía y siguen camino hacia Sobradisa. Cuando llegan, la disputa con Abiseos ha concluido. Llegan a la capital y van al palacio real. Se reunen con Amadís y Agrajes. Amadís al conocer a Florestán, su nuevo medio-hermano, lo abraza llorando de emoción.
Y CON ESTA TIERNA ESCENA ACABA EL PRIMER LIBRO DE "AMADÍS DE GAULA"
jueves, 10 de septiembre de 2009
Libro I, Capítulo 42
En su juventud, Perión vivió un tiempo en Alemania. De regreso a su tierra se alojó en casa del Conde de Selandia. Por la noche una doncella se coló en su cama. Era la hija del conde. Perión se resistió al principio, pero ella amenazó con suicidarse si no la poseía. Perión consintió en yacer con ella. Y la dejó preñada. Perión siguió su camino sin conocer tan embarazosa circunstancia. La condesita ocultó su embarazo hasta el final. Cuando iba a llegar el momento del parto se marchó al castillo de su tía que la acogió cordialmente. Dio a luz un niño de nombre Florestán que crió la tía guardando el secreto. Cuando cumplió los dieciocho años, la tía llevó a Florestán ante su abuelo para que lo nombrara caballero, aunque el conde desconocía que era su nieto. Tras la ceremonia, la tía le desveló el nombre de su padre. Florestán decidió obtener una fama que le hiciera merecedor de darse a conocer a su padre. Se fue a Constantinopla. Bizancio estaba en guerra. Allí permaneció durante cuatro años acumulando proeza tras proeza hasta tener las suficientes como para presentarse ante Perión. Cuando volvió, conoció la fama de Amadís y Galaor. Pensó en acrecentar aun más su curriculum caballeresco para no desmerecer ante sus mediohermanos. Y en eso andaba, ocupado en sus caballerías hasta que se topó con Galaor.
Amadís y Agrajes permanecen cinco días en el castillo de Briolanja. Luego parten acompañados de Briolanja, la dueña, dos doncellas y cinco hombres a caballo. Briolanja viste de luto hasta que su padre sea vengado. Briolanja le pide un favor a Amadís. La dueña le pide otro a Agrajes: Les hacen prometer que no emprenderan ninguna otra aventura sin el permiso expreso de ambas mujeres. Más tarde les pesará este juramento pues les impide acometer empresas caballerescas y desfazer entuertos que se van encontrando por el camino. Están atados por la palabra dada y nada hacen y avergonzados van. Llegan a Sobradisa de noche. Se acercan al castillo de Galumba, vieja dueña, fiel servidora del padre de Grovenesa, la dueña (no confundir con la otra Grovenesa, la mujer de Angriote de Estravaus). Galumba escribe una carta y la marca con el sello de Briolanja. Envía a una doncella con la misiva a la capital del reino, también llamada Sobradisa, para Abiseos, el usurpador, con instrucciones de que se la lea delante de todos los dignatarios de la corte. Así lo hace. En la carta se habla del asesinato del padre de Briolanja, de la usurpación del trono y propone un combate de Abiseos y sus dos hijos contra dos paladines que defienden la causa de Briolanja. Pide seguridad y protección para estos dos paladines hasta que llegue la hora del combate. Abiseos se ve forzado a aceptar el reto y a conceder inmunidad a sus adversarios hasta el momento de la lucha. La doncella regresa al castillo de Galumba. Amadís y Agrajes se preparan para la pugna. El día elegido se trasladan a Sobradisa. Empieza el combate. Amadís lucha contra Dramis y lo mata en el primer encuentro. Agrajes se enfrenta a Darasión. En el primer choque ninguno de los dos cae. Abiseos ve a Dramis en el suelo y se lanza sobre Amadís: de un lanzazo le atraviesa el escudo y le alcanza el costado. Amadís se revuelve y le golpea con la espada en la cabeza. Abiseos queda aturdido, se tambalea y cae al suelo. Amadís acude en ayuda de Agrajes y golpea con fuerza sobre Daramón. Pero éste se revuelve con furia y le mata el caballo. Amadís cae al suelo. Abiseos, recuperado, se incorpora al combate. Agrajes golpea con su espada en el yelmo de Daramón y la pierde. Para evitar que le hiera, se arroja sobre Daramón, lo abraza y ruedan por el suelo. Abiseos intenta rematar a Agrajes pero Amadís se interpone y de un certero golpe lo derriba y lo deja tendido en el suelo. Agrajes y Darasión consiguen ponerse en pie. Agrajes se apodera de la espada de su rival y Darasión coge la de Agrajes. Agrajes está herido de gravedad pero no desiste en su lucha. Luchan los cuatro. Abiseos, en un desesperado ataque consigue herir a Amadís en el hombro. Amadís se revuelve y le cercena el brazo a nivel del hombro. Abiseos cae al suelo y muere. Agrajes derrota a Darasión y le corta la cabeza.
[Bajo el epígrafe de "CONSILIARIA" vienen unos párrafos farragosos y plúmbeos condenando a traidores y usurpadores...]
Acabada la contienda se acerca uno de los próceres del reino. Es Gomán, que restaura a la legítima heredera, Briolanja, en el trono de Sobradisa.
Amadís reposa durante 8 días en el palacio real de Sobradisa reponiéndose de sus heridas gracias a los amorosos cuidados de Briolanja. Otra persona cura a Agrajes... es un hombre.
Amadís y Agrajes permanecen cinco días en el castillo de Briolanja. Luego parten acompañados de Briolanja, la dueña, dos doncellas y cinco hombres a caballo. Briolanja viste de luto hasta que su padre sea vengado. Briolanja le pide un favor a Amadís. La dueña le pide otro a Agrajes: Les hacen prometer que no emprenderan ninguna otra aventura sin el permiso expreso de ambas mujeres. Más tarde les pesará este juramento pues les impide acometer empresas caballerescas y desfazer entuertos que se van encontrando por el camino. Están atados por la palabra dada y nada hacen y avergonzados van. Llegan a Sobradisa de noche. Se acercan al castillo de Galumba, vieja dueña, fiel servidora del padre de Grovenesa, la dueña (no confundir con la otra Grovenesa, la mujer de Angriote de Estravaus). Galumba escribe una carta y la marca con el sello de Briolanja. Envía a una doncella con la misiva a la capital del reino, también llamada Sobradisa, para Abiseos, el usurpador, con instrucciones de que se la lea delante de todos los dignatarios de la corte. Así lo hace. En la carta se habla del asesinato del padre de Briolanja, de la usurpación del trono y propone un combate de Abiseos y sus dos hijos contra dos paladines que defienden la causa de Briolanja. Pide seguridad y protección para estos dos paladines hasta que llegue la hora del combate. Abiseos se ve forzado a aceptar el reto y a conceder inmunidad a sus adversarios hasta el momento de la lucha. La doncella regresa al castillo de Galumba. Amadís y Agrajes se preparan para la pugna. El día elegido se trasladan a Sobradisa. Empieza el combate. Amadís lucha contra Dramis y lo mata en el primer encuentro. Agrajes se enfrenta a Darasión. En el primer choque ninguno de los dos cae. Abiseos ve a Dramis en el suelo y se lanza sobre Amadís: de un lanzazo le atraviesa el escudo y le alcanza el costado. Amadís se revuelve y le golpea con la espada en la cabeza. Abiseos queda aturdido, se tambalea y cae al suelo. Amadís acude en ayuda de Agrajes y golpea con fuerza sobre Daramón. Pero éste se revuelve con furia y le mata el caballo. Amadís cae al suelo. Abiseos, recuperado, se incorpora al combate. Agrajes golpea con su espada en el yelmo de Daramón y la pierde. Para evitar que le hiera, se arroja sobre Daramón, lo abraza y ruedan por el suelo. Abiseos intenta rematar a Agrajes pero Amadís se interpone y de un certero golpe lo derriba y lo deja tendido en el suelo. Agrajes y Darasión consiguen ponerse en pie. Agrajes se apodera de la espada de su rival y Darasión coge la de Agrajes. Agrajes está herido de gravedad pero no desiste en su lucha. Luchan los cuatro. Abiseos, en un desesperado ataque consigue herir a Amadís en el hombro. Amadís se revuelve y le cercena el brazo a nivel del hombro. Abiseos cae al suelo y muere. Agrajes derrota a Darasión y le corta la cabeza.
[Bajo el epígrafe de "CONSILIARIA" vienen unos párrafos farragosos y plúmbeos condenando a traidores y usurpadores...]
Acabada la contienda se acerca uno de los próceres del reino. Es Gomán, que restaura a la legítima heredera, Briolanja, en el trono de Sobradisa.
Amadís reposa durante 8 días en el palacio real de Sobradisa reponiéndose de sus heridas gracias a los amorosos cuidados de Briolanja. Otra persona cura a Agrajes... es un hombre.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)