viernes, 18 de febrero de 2011

Libro IV, Capítulo 130 (2 de 10)

Pero la maldad de la doncella tuvo su merecido castigo. La mujer prendose de uno de los caballeros que retenía, un hermoso y valiente joven de veinticuatro años natural de Creta. La doncella, perdidamente enamorada, lo hizo Señor de la isla y de su persona. Durante un tiempo disfrutaron de su relación: ella por el amor, él por los beneficios materiales y el lujo que ella le proporcionaba más que por el disfrute de la doncella que era más bien fea. Con el paso del tiempo, el cretense comenzó a aburrirse de vivir en tan apartada isla y le vinieron deseos de abandonarla. Para conseguir que la doncella le liberara del encantamiento que lo mantenía prisionero, comenzó a mostrarse cada vez más enamorado y apasionado. Así ella creería que no eran necesarios más embrujos que lo mantuvieran a su lado. Tanto porfió y tan bien hizo el engaño que convenció a la doncella de la intensidad y verdad de su amor. Ella le liberó del yugo mágico. Una tarde, cuando visitaban una alta peña en su habitual paseo romántico, el caballero empujó a la doncella que se precipitó al abismo y murió despeñada. Luego, el caballero arrambló con cuanto pudo llevarse y partió de vuelta a Creta. Los moradores de la isla también la abandonaron y ésta  quedó desierta. El cretense, sin embargo, no pudo llevarse un tesoro por estar encantado. El tesoro quedó escondido en una cámara secreta. Desde entonces muchos han querido entrar en ella y apoderarse del tesoro, pero nadie lo ha conseguido. La cámara está cerrada con herméticas puertas. Sobre ellas, en letras rojas como sangre, puede leerse que las puertas se  abrirán si alguien es capaz de sacar una espada que está clavada hasta la empuñadura en esa puerta.

Libro IV, Capítulo 130 (1 de 10)

Amadís y Grasandor descansan unos días en la Ínsula de la Torre Bermeja en amistosa compañía. Amadís siempre con la mente puesta en su amada Oriana...[aquí viene una pequeña disgresión sobre los amores verdaderos y honestos]
Ambos salen a dar su habitual paseo matutino y llegan a una alta peña. Desde allí ven arribar una nao al puerto. Piden informe sobre ella. Les dicen que se trata del mayordomo de Madasima. Viene de estar con Galaor y Galvanes. Amadís, ansioso por tener noticias de su hermano, baja rápidamente a recibirlo. El mayordomo se llama Nolfón. Se sorprende mucho de encontrar a Amadlis en la Ínsula de la Torre Bermeja, porque conocía de su enemistad con Balán (es de todos conocido que Amadís mató a su padre). Nolfón le pregunta como es posible que esté en este lugar tan plácidamente. Amadís le dice que ya le contará pero antes quiere saber como les va a Galaor y Galvanes. Nolfón le cuenta como Galaor y Dragonís reclutaron gente de Sobradisa mientras Galvanes lo hacía en la ínsula Mongaza. Acordaron reunirse en un islote llamado la Peña de la Doncella Encantadora. Amadís ya conocía esta isla por Gavarte del Val Temeroso, que había pasado junto a ella. Gavarte, en aquel tiempo, estaba enfermo y su estado le impidió visitarla, pero le contaron que está llena de prodigios y los que la probaron "fallecían de la acabar"(?).
Nolfón le cuenta que en esa isla vivía una doncella, señora de la peña, ducha en artes mágicas y de nigromancia. En ella moraba, rica y hermosa. Durante muchos años la isla era frecuentada por numerosas embarcaciones que hacían el trayecto desde Irlanda, Noruega y Sobradisa hasta las Ínsulas de las Landas y la Profunda Ínsula. La doncella, gracias a sus mágicos poderes, retenía todos estos barcos con encantamientos. Tomaba cuanto le apetecía de lo que transportaban y retenía cuanto quería a los caballeros que en ellos viajaban. Para entretenerse les obligaba a luchar entre ellos, forzándoles en ocasiones a morir en el combate.

domingo, 6 de febrero de 2011

Libro IV, Capítulo 129 (6 de 6)

Landín llegó al monasterio y encontró a su primo malherido tras su desafortunado encuentro con los tres hermanos. Eliseo le contó como fue atacado a traición por do hombres cuando mantenía una igualada lucha con Galifón. Landín partió en busca de venganza con el resultado que ya conocemos.
Examinan a Galifón y a su hermano. No están muertos. Los cargan en sendos palafrenes y regresan al monasterio. Allí decidirán la suerte de los prisioneros según sea la evolución de Eliseo. Lo encuentran bastante restablecido.
Galifón, que ya ha recobrado el sentido, implora perdón a Landín. Éste le reprocha su conducta y le pregunta la razón de su deslealtad. Galifón responde que ha sido la codicia por señorear. Pero está arrepentido y le pide que medie por ellos ante Cildadán. Landín accede a dejarles libres si le prometen que de ahora en adelante cumplirán estrictamente las leyes de la caballería y que antes de veinte días se presentarán ante Cildadán. Galifón se lo promete y le agradece su benevolencia.
Al día siguiente, tras la misa de rigor, Grasandor se despide de Landín y de Eliseo y vuelve a su barca. Se dirigen a la Ínsula del Infante. Allí les recibe el caballero-gobernador que ya ha retornado a su casa. Les cuenta las andanzas de Amadís por la Ínsula de la Torre Bermeja. Les ofrece un marinero que les guíe allí. Llegan sin novedad. Preguntan por Amadís y son recibidos por él mismo con alegría y emoción. Se cuentan las novedades, noticias sobre Oriana, etc... Como Amadís está todavía convaleciente de sus heridas y Grasandor está hasta la coronilla de tanta navegación, deciden quedarse en la Ínsula de la Torre Bermeja para descansar cuatro o cinco días antes de volver a la Ínsula Firme.

Libro IV, Capítulo 129 (5 de 6)

Mientras caminan hacia los vencidos se van contando sus peripecias desde la última vez que se vieron en la Ínsula Firme. Landín le relata como partió con sus compañeros a la conquista de Sansueña y el reino Arábigo. Cuando llegaron a éste último, descubrieron que un sobrino del rey Arábigo había tomado el poder. Se enfrentaron a su ejercito y lo derrotaron fácilmente. Tras la conquista del reino Arábigo, Landín y su primo Eliseo emprendieron el retorno a Irlanda. Se detuvieron en la Ínsula del Infante donde les contaron que hasta allí llegó un caballero que acompañaba a una cuitada dueña y su intención era dirigirse a la Ínsula de la Torre Bermeja a enfrentarse con Balán. Entonces no lo supieron, pero con la historia de Grasandor descubren que se caballero es Amadís. Después de la Ínsula del Infante, Landín y su primo llegaron a estas tierras. Al desembarcar se toparon con una doncella que les pidió auxilio: su marido estaba preso en una torre. Acompañaron a la mujer. Por el camino se encontraron con Galifón. Eliseo le dijo a su primo que continuara el camino con la doncella mientras él se detenía para enfrentarse al desafiante caballero. Landín siguió con la doncella hasta llegar a la torre. El dueño de a torre resultó ser un viejo amigo de Landín, antiguo camarada de juveniles andanzas caballerescas. Landín le afeó su conducta y le pidió que liberara al caballero prisionero. Su viejo amigo lo hizo de inmediato. Landín le recomendó que en el futuro se abstuviera de cometer estos actos contrarios al correcto proceder de un buen caballero. Una vez solucionado el conflicto, Landín se despidió de todos y volvió sobre sus pasos.

jueves, 3 de febrero de 2011

Libro IV, Capítulo 129 (4 de 6)

Volvamos a la Ínsula Firme para ver lo que ocurrió tras la partida de Amadís: el montero va en busca de Grasandor y le transmite el mensaje de Amadís. Grasandor abandona la caza para avisar a Oriana. Pero antes recoge el cuerpo del caballero muerto en la playa y ordena que sea enterrado en un monasterio cercano (fundado por Amadís poco después de su estancia en al Peña Pobre). Luego busca a Oriana y le cuenta lo ocurrido pero con alegre semblante para no preocuparla. Oriana queda turbada unos instantes y se consuela pensando que no puede ser cosa de importancia si Amadís no se ha marchado en compañía de Grasandor y sin despedirse de ella. Grasandor le pide perdón en nombre de Amadís por esto último. Oriana, a pesar de todo, está muy preocupada por su marido y no sabe que hacer. Grasandor se ofrece a salir en su busca. Oriana lo acepta encantada, aunque ahora la que se preocupa es Mabilia que pasa la noche llorando al pensar en los peligros que pasará su amado.
Al día siguiente, tras oír misa, Grasandor zarpa en busca de Amadís. Lleva armas y caballo. Le acompañan dos escuderos y un marinero. Navegan en la dirección que tomó Amadís pero sin saber con certeza adonde se dirigen. Navegan dos días sin encontrar pistas.Por desgracia pasan junto a la Ínsula del Infante en plena noche y no la ven. Pasan de largo y al día siguiente llegan a una playa y Grasandor decide desembarcar. Les parece una hermosa tierra, llena de árboles. Grasandor se arma y monta su caballo. Sale a explorar acompañado de sus dos escuderos que van a pie. Tras un día de marcha no encuentran a persona alguna. Los escuderos, exhaustos, opinan que es una tierra deshabitada y creen que es mejor volver al barco. Grasandor les deja descansar y continua la exploración en solitario. Cruza un espeso bosque en un hondo valle. Se topa con un pequeño monasterio. La puerta está abierta. Descabalga y entra. Llega a la iglesia del monasterio y se detiene un instante para rezar. Estando allí de rodillas se le acerca un monje de los blancos. Grasandor le pregunta como se llama esa tierra. El monje le responde que es territorio del reino de Irlanda, pero ahora está en poder de Galifón y de sus dos hermanos que han usurpado el señorío de estas tierras. Estos tres caballero cabalgan juntos incesantemente por el territorio. Se enfrentan a cuanto caballero se encuentran. Y lo hacen de forma artera y desleal: los hermanos suelen ocultarse. Galifón se enfrenta en solitario al caballero. Si no consigue vencerlo, los hermanos aparecen de súbito y entre los tres acaban fácilmente con su desprevenido rival. Ayer mismo hicieron esto con un desventurado caballero al que dejaron quebrantado y malherido. Y lo hubieran matado de no ser por la intervención de dos monjes que intercedieron por él y lo trajeron al monasterio. Al poco llegó otro caballero, compañero del herido. Al conocer la desventura de su amigo partió en busca de los tres hermanos para vengarle.
Grasandor le pide que le muestre al herido. Lo reconoce al instante: es Eliseo, primo de Landín. Eliseo también lo reconoce y le pide que ayude a su primo. El monje le dice que Landín fue al castillo de Galifón que se encuentra en medio de un vasto llano allende el valle del monasterio.
Grasandor monta en su caballo y parte en ayuda de Landín. Sale del valle y sube a un otero. Allí ve el castillo. Ante sus puertas está Landín, gritando. Grasandor se acerca discretamente y se queda a poca distancia pero oculto hasta ver como le va a Landín. Del castillo sale un caballero asaz grande y bien armado.
Tras cruzar bravatas y desafíos comienza la justa. Cruzan lanzas en varias ocasiones. Al final, ambos caen al suelo. Continúan la lucha a pie, espada en mano. El combate es fuerte e intenso. Los golpes desprenden enormes chispazos. Destrózanse escudos y lorigas. Poco a poco, Landín va cobrando ventaja. El otro caballero se defiende como puede y retrocede. Pide ayuda al castillo y salen sus dos hermanos. Landín ya esperaba esta felonía y los espera firmemente plantado. Grasandor que los ve salir, cabalga velozmente a su encuentro. Derriba a uno de ellos que, al caer, se fractura el brazo derecho y queda tan maltrecho que ya no se levanta. El otro hermano intenta lancear o arrollar con su caballo a Landín que ágilmente lo esquiva. Grasandor se lanza en pos del jinete mientras Landín acaba con Galifón con facilidad. Su hermano, cuando ve vencido a  Galifón, abandona el combare y huye hacia el castillo. Grasandor lo persigue. El caballero está tan aturullado por la persecución que no acierta a pasar por el puente levadizo y cae con su caballo al foso que rodea el castillo y muere ahogado.
Landín se acerca para conocer a su aliado: Grasandor le revela su identidad. Se abrazan emocionados. Vuelven para ver si Galifón y su otro hermano están vivos o muertos.

Libro IV, Capítulo 129 (3 de 6)

La boda se lleva a término con plena satisfacción de ambas partes, principalmente de Darioleta que ve alcanzar a su hija un alto estatus. Este matrimonio será el origen de una saga de famosos caballeros en la Corte del rey Artús: Bravor tendrá un hijo llamado Galeote en honor a su madre (entonces, ¿la hija de Darioleta se llama Galeota o quizás Gala?). Galeote se casará con una hija de Galvanes y Madasima. Tendrán un hijo llamado Balán, como su bisabuelo. Éste, aunque de estirpe de gigante, tendrá el aspecto del común de los mortales. Descendiente directo de Balán II será Don segurades, coetáneo de Uther Pendragón y primo hermano de aquel famoso caballero de la corte artúrica que llegó a vivir 120 años en plena forma. Hijo de Segurades y Señor de la Ínsula de la Torre Bermeja será Bravor el Brun, que morirá a manos de Tristán de Leonís en leal combate en un encuentro que ocurrirá durante el viaje de Tristán como escolta de  Iseo la Brunda (Isolda), hija del rey Languines de Irlanda, para reunirse con su prometido, el rey Mares de Cornualla, tío de Tristán. Hijo de Bravor será Galeote el Brun, Señor de la Luengas Ínsulas, gran amigo de Lanzarote del Lago. Estos dos Brunes son mencionados en los libros que cuentan la historia de Tristán y Lanzarote.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Libro IV, Capítulo 129 (2 de 6)

Balán ordena que aten de pies y manos a su hijo y que se lo entreguen al caballero insulofirmeño para que haga lo que quiera con él, ya que ha mancillado el honor de su padre. La esposa de Balán, temiendo que Amadís pueda vengarse cruelmente de su hijo, se escabulle discretamente y va a ver al caballero insulofirmeño. Lo encuentra sin yelmo, con la espada envainada e inclinado ante su hijo, desatándolo. La mujer reconoce a Amadís y le pregunta si sabe quien es ella. Amadís también ha reconocido a la hija de Gandalac pero lo disimula. Ella le dice que sabe quien es: Amadís, el hermano de su amigo Galaor. Si prefiere mantenerse en el anonimato, ella sabrá mantener el secreto. Le asegura que Balán mantendrá su promesa como hombre de honor que es y por último, le pide piedad para su hijo.

Amadís responde que aprecia y respeta a Gandalac y a sus hijos. Por supuesto va a liberar a Bravor sin ninguna represalia, pues Amadís solo toma venganza con quien puede defenderse, nunca con hombres desarmados. Le permite a la mujer que desvele su identidad a Balán y que le transmita sus exigencias de que repare el agravio a la dueña. La mujer del gigante le dice que puede acompañarla ante él sin temor y decírselo personalmente. Amadís se vuelve a colocar el yelmo, coge espada y escudo y salen juntos. Van al castillo y los conducen al lecho de Balán. Amadís le dice cuan quejoso está de él porque sus hombres no hayan respetado su palabra y le exige que repare el daño ocasionado a Darioleta.

Balán responde que le pesa y le duele más ver como su hijo y sus servidores no han cumplido con su palabra empeñada que verse vencido. Por esa razón le entregó a su propio hijo maniatado, para resarcirle de esa injusticia. Balán está dispuesto a compensar a Darioleta, pero en lo referente a su hijo, el daño es irreparable y no sabe como podría hacerse. Amadís le dice que libere a su marido e hija, que les devuelva sus bienes y su barco. Y a cambio de su hijo muerto, debe cederles su propio hijo: Bravor debe casarse con la hija de Darioleta. Amadís le asegura que no es un matrimonio tan desigual, pues además de riquezas y posesiones, los padres son gobernadores de un rico territorio de su propio padre.

Balán le pregunta quien es su padre. El caballero insulofirmeño se presenta: es Amadís, hijo del rey Perión, el que mató a Madanfabul, padre de Balán, aunque lo hizo para defender a un Lisuarte en peligro de muerte. Balán se admira de la valía y bravura de Amadís. accede a liberar a los prisioneros y restituirles bienes y nao. En cuanto a Bravor, que Amadís haga lo que quiera con él, pues no le perdona que haya mancillado su honor. Le pide, por último, que queden como amigos.

Amadís le responde que ya le considera su amigo, pues es yerno de su amigo Gandalac. Le pide que de ahora en adelante desista de esa mala costumbre de asaltar a los visitantes. Amadís justifica a Bravor, su yerro es fruto de su corta edad. Le pide su perdón por amor a su madre. Le aconseja que lo mande llamar y traiga a la hija de Darioleta y que se casen inmediatamente. Balán así lo hace.