jueves, 16 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 109 (1 de 4)

Lisuarte y Patín salen del real de Vindilisora al frente de su ejercito. Hacen jornadas corta para no fatigar a la tropa. Les llegan noticias de que Perión y sus hombres se dirigen hacia ellos. Lisuarte envía una avanzadilla de 50 caballeros al mando de Ladasín el Esgrimidor, primo hermano de Guilán. A los tres días, la avanzadilla de Ladasín se topa con la que ha enviado Perión, 40 caballeros al mando de Enil. Ambos jefes envían mensajeros para avisar a sus respectivas tropas. No se enfrentan porque tienen orden expresa de no hacerlo. Llegan los dos ejércitos que quedan frente a frente, cada uno en un extremo de un campo amplio y llano. Ambos ejércitos acampan en sus reales y cavan fosos y construyen defensas.
Gandalín llega de la Ínsula Firme acompañando a Melicia. Se ha dado mucha prisa porque quería llegar antes del inicio de la gran batalla.Amadís se había criado en casa de Gandales como un hijo. Gandalín, el verdadero hijo de Gandales, lo consideraba su hermano hasta que Amadís se hizo caballero y se desveló su identidad. Desde entonces, Gandalín le había servido como fiel escudero, aunque su deseo más íntimo era el ser caballero a su vez y honrar así a su familia. Amadís se resistía a la idea de perder tan leal servidor. Fue su confidente y su puntal en los momentos más melancólicos. Le había sido imprescindible para mantener su relación clandestina con Oriana. Gandalín había aguantado mucho en ese status por el amor y respeto que sentía por Amadís. Pero ahora que la Gran Batalla se avecina y que Amadís tiene a su amada Oriana a su vera, Gandalín cree que el momento de ser armado caballero ha llegado. Después de informar a Amadís de la llegada de su hermana, de las noticias sobre la Gaula, del estado de salud de Galaor y de las recomendaciones de la reina, se lo lleva a un lugar apartado y le expone su deseo de ser armado caballero.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 108

Arcaláus se había asociado con el rey Arábigo, Barsiñán de Sansueña, el rey de la Profunda Ínsula (superviviente de la Batalla de los Siete Reyes) y con los parientes de Dardán el Soberbio. Cuando supo de la llegada de las fuerzas de Lisuarte y de Amadís, envió a Garín, hijo de Grumén (muerto por Amadis) con la noticia para sus aliados. Garín llega a tierras de Arabia y se reune con el rey Arábigo en su capital, también llamada Arábiga. El rey ya tenía dispuestas sus tropas, unos 12.000 soldados. Todos juntos parten hacia Sansueña.  Llegan a Califán, importante villa de Sansueña, donde se avituallan y se suman a las tropas de Barsiñán. Tras escasos días de descanso, se dirigen a Gran Bretaña, al encuentro de Arcaláus. Éste posee un inexpugnable castillo con puerto de mar. Arcaláus ha reunido a 600 caballeros que odian por igual a Amadís y a Lisuarte. Arcaláus les informa que los dos ejércitos enemigos han iniciado sus movimientos. Su mutuo enfrentamiento es inminente con gran contento de los allí reunidos. Se ponen, a su vez, en marcha. En vanguardia, Barsiñán, con 2000 caballeros y algunos arqueros y ballesteros. Arcaláus comanda el segundo haz, de 600 caballeros. El tercer haz lo dirigen el rey Arábigo y el rey de la Profunda Ínsula. Con ellos van los seis caballeros, parientes de Brotajar Danfanía, muerto por Amadís en la Batalla de los Siete reyes. Estos seis caballeros vienen de la isla Sagitaria, de donde provienen los Sagitarios (¿Centauros?). Vienen para vengar la muerte de su mejor y más famoso caballero. El Duque de Bristoya también se apunta a la aventura, pero solo cuando descubre el numeroso ejercito que Arcaláus ha reunido. Lo hace para vengar la muerte de su padre causada por Galvanes, Agrajes y Olivas y para recobrar sus tierras. El rey Arábigo lo acepta por conveniencia. Necesita a alguien conocedor de las tierras británicas. El Duque posee algunos castillos y villas  que les servirán de apoyo logístico. Le conceden al Duque el mando de 500 caballeros.
De esta forma el ejercito se pone en marcha con sigilo, para aguardar acontecimientos y actuar cuando la situación les sea propicia.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 107 (2 de 2)

Perión habla con Cuadragante: le encomienda la vanguardia de su ejército. 1500 hombres de Perión junto con los 500 caballeros irlandeses irán comandados por Cuadragante. Le acompañarán Amadís, Angriote, Gavarte del Val Temeroso, Enil, Balais de Cascante y Landín. Agrajes dirigirá en el segundo haz formado por 1600 caballeros aportados por el propio Agrajes y Bruneo de Bonamar. Además de éste último le acompañará Branfil, hermano de Bruneo. Grasandor estará al frente del tercer haz de 2000 caballeros (hombres de Bohemia, Sobradisa y los que trajo Trión). Le acompañarán Florestán, Dragonís, Landín de Fajarque y Elián el Lozano.
Brián de Monjaste, sobrino de Perión, comandará el cuarto haz, con los 5000 caballeros españoles que envía su padre. Junto a él cabalgaran Mancián de la Puente de Plata, Sadamón y Urlandín (hijo del Conde Urlanda). Gandales dirigirá un quinto haz de 1000 caballeros que servirá de apoyo al resto de haces.
Perión, acompañado por Gastiles, dirigirá a resto de caballeros y a los hombres de Constantinopla.
Las maniobras se desarrollan con normalidad, con gran estrépito de trompetas y atabales. Oriana y el resto de las damas las contemplan y ruegan a Dios por sus valedores.
[También aquí las cifras varían según la fuente revisada. El reparto queda así: Cuadragante, 3000 (1500 de Perión y 500 irlandeses); Agrajes y Branfil, 1600 (??, aunque Agrajes aportaba 1500 y Branfil 600); Grasandor con los hombres de Bohemia y Sobradisa, 2700; Brian, 5000 (sus 2000 españoles y 3000 de Constantinopla); Gandales, 1000 caballeros de Gaula; Perión con Gastiles, 5500 (500 caballeros de Perión y 5000 de Constantinopla)]
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Dejemos a nuestros héroes ejercitándose y veamos que hace su archienemigo, Arcaláus el Encantador...

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 107 (1 de 2)

Perión, hombre sensato y celoso guardián de su honra, había sido puesto en la tesitura de defender a su hijo del ataque de Lisuarte. Sabía que Lisuarte era un hombre enconado en sus venganzas. Por tanto, dispuso de agentes secretos que le informaran de los movimientos de las tropas enemigas.
Además se reunió con sus capitanes y los caballeros da más linaje para que todos juntos se ejercitaran con las tropas, como preparación al gran combate que se avecinaba. Todos los hombres lo hicieron gustosos conocedores de estar dirigidos por un gran general
Dieron comienzo las maniobras. El real fue levantado. Perión cabalgaba en medio de su ejercito flanqueado por tres escuderos armados y diez pajes a caballo. Perión ya era mayor, de pelo y barba canos y rostro rubicundo por el esfuerzo y la emoción de la inminente batalla. Su entusiasmo se contagiaba a sus hombres y les infundía valor y confianza.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 106 (4 de 4)

Pasan 15 días de alardes y concentración de fuerzas: 10.000 caballeros romanos, 1500 de Lisuarte, 800 de Gasquilán de Suecia y 200 del rey Cildadán.
Se inicia el movimiento de fuerzas. Patín separa el ejercito en tres haces: la primera, al mando de Floyán, hermano de Salustanquidio, de 2500 caballeros. La segunda, de igual número, dirigida por Arquisil. La tercera, con 5000, en retaguardia y a su mando. Al rey Lisuarte le pide que marche en vanguardia junto a sus hombres. Lisuarte los divide en dos haces: la primera, de 2000 caballeros, comandada por Arbán de Norgales, quien irá acompañado por Norandel, Guilán, Cendil de Ganota y Brandoibás. La otra, al mando de Gasquilán y Cildadán, con los 3000 hombres que aportaban más 1000 más cedidos por Lisuarte. Grumedán será quien custodie el estandarte, aunque siga lamentando que su señor haya trocado a sus antaño caballeros, ahora enemigos, por los poco fiables actuales aliados.
[Aquí bailan un poco las cifras. Queda claro que los romanos son 10.000, pero Lisuarte tenía 1500 y en el párrafo siguiente tiene 3000. Y Gasquilán y Cildadán tenían 1000 ( 800+200) y seis líneas más abajo son 3000.]
[Bueno, para aclarar las cosas (o liarlas más, nunca se sabe) he consultado otras fuentes. Tras una exhaustiva revisión bibliográfica (ejem, ejem) las cifras quedan así: Roma envía 10.000, Cildarán 200, Gasquilán 800 y Lisuarte 6500. Y el reparto en haces es: Floyán 2500, Arquisil 2500, Patín 5000, Arbán 3000 (de Lisuarte), Cildarán 1000 (800+200) y Lisuarte 3500(los que restan)]

Libro IV, Capítulo 106 (3 de 4)

Te preguntarás, amable lector, por qué dedicamos tanto tiempo a explicar las desventuras de Arquisil, caballero de poco bagaje caballeresco por lo que sabemos de él hasta ahora. Te avanzo, aunque esto destripe el argumento, que Arquisil llegará a ser Emperador de Roma y que durante toda su vida querrá a Amadís como su hermano y lo considerará el artífice de su llegada al trono imperial.
Arquisil regresa al campamento romano sin novedad. No se tropieza con ningún caballero andante con ganas de pelea. Todos están concentrándose en uno u otro bando para el gran combate que se avecina y no están para aventurillas individuales. Una vez en el campamento, Arquisil se guarda de revelar lo que ha visto en el campamento insulofirmeño. Se reune con Patín y le cuenta que sus enemigos son numerosos y de gran calidad. A Patín, que aprecia a Arquisil y confía su criterio, se le desinfla su ardor guerrero. Hasta ahora pensaba que se enfrentaba a una empresa fácil: con sus hombres y los de Lisuarte pensaba cercar la Ínsula Firme y obtener una victoria sin esfuerzo... Ahora ya no lo tiene tan claro.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Libro IV, Capítulo 106 (2 de 4)

El rey Lisuarte, que aprecia a Enil, viendo el cariz que toman los acontecimientos y para evitar las represalias de Patín, toma a Enil de la mano y lo lleva a su tienda para que descanse, cene y esté protegido. Patín se retira sañudo. Arquisil, acompañado de Enil, va a su tienda y recoge sus cosas, se arma y junto a Enil se va del campamento. Llegan a la Ínsula Firme sin novedad. Arquisil se sorprende de las numerosas tropas que ahí acampan ( acababa de llegar el ejercito del Emperador de Constantinopla), pero nada dice que demuestre su asombro. Enil lo conduce ante Amadís, que lo recibe con cordialidad. Durante 4 días, Amadís presenta a Arquisil a cuanto caballero se pone por delante. Arquisil se maravilla ante tal concentración de caballeros de fama bravos y de calidad. Se da cuenta de que se avecina una confrontación que será recordada por los siglos de los siglos, que Patín va a necesitar a sus mejores hombres para salir airoso de este enfrentamiento y que él mismo se va a perder la ocasión de su vida y de su carrera caballeresca. Esta última idea le apesadumbra. Decide tentar las intenciones de Amadís. Lo encuentra en la tienda del rey Perión, reunido con otros caballeros. Arquisil pide permiso para hablar y Perión se lo concede. Arquisdil cuenta como luchó contra Amadís y como fue vencido. Cuenta como le perdonó la vida con nobleza y como quedó obligado a él. Ahora está ahí cumpliendo esa obligación. Arquisil le ruega a Amadís, apelando a su nobleza, que le permita participar en la inminente batalla y servir como es debido a su señor, Patín. Luego, si sobrevive, Arquisil se compromete a regresar y ponerse a disposición de Amadís. Éste acepta su propuesta y le permite volver con Patín.